

GÉNERO: Leyendas de Vírgenes
CÓDIGO:
PROVINCIA-COMARCA: Badajoz-Vegas del Guadiana
LOCALIDAD: Badajoz
SINOPSIS: Dos versiones se dan en la aparición de la Virgen de Botoa. [Volver]
En una, sus protagonistas son unos pastorcillos portugueses que
jugueteando en torno a una encina divisaron esta imagen. La otra versión,
narrada en verso por la poetisa pacense Doña Carolina Coronado, y que lleva
el título de "La encina de Botoa", refiere que Don Diego Mercader, hidalgo
catalán, casó con la portuguesa Doña María Albar. Aquél,
movido por sus incomprensibles celos y por el odio que profesaba a la religiosidad de su
esposa, decide asesinarla cuando aquella acude en cierta ocasión a orar en
un lugar apartado. Y cuenta la leyenda que en el momento de expirar vio en
el tronco de una encina la imagen de la Virgen.
Es de advertir que algunas encinas del circuito donde se apareció la
Virgen producen singulares bellotas con unos relieves o protuberancias en su
c´scara que semejan a la Santa imagen; cosa que se tiene por milagro y las
hace objeto casi de culto en el país.

GÉNERO: Leyendas de Santos
CÓDIGO:
PROVINCIA-COMARCA: Badajoz-Vegas del Guadiana
LOCALIDAD: Mérida
SINOPSIS: (CM-GV-RD) En la época de los romanos, la niña Eulalia llega a
Mérida para enfrentarse con el pretor Calpurniano, declararle su condición de
cristiana y reprocharle que persiga a los cristianos. Calpurniano, al principio, no quiere
prestarle atención, pero poco a poco va enfureciéndose, hasta que ordena que
detengan a la niña y la torturen hasta matarla. Mientras, Eulalia canta y
sigue hablando de su martirio valientemente. Cuando por fin muere, nadie quiere
amortajarla, pero empieza a nevar y la nieve cubre su cuerpo. Todo el mundo que
observa lo sucedido reconoce en ello un milagro.
LAS FUENTES ESCRlTAS Prudencio : Este importante personaje y poeta hispanorromano
dedica uno de sus himnos de su libro Poema de las coronas, Peristephanon, escrito
a finales del siglo IV, a cantar el martirio de Eulalia y a describir el edificio
donde se le daba culto. A Prudencio, mas que la exactitud de los hechos que
describía, le interesaba resaltar, con su inspiración y su difícil
estilo poético, la personalidad y las virtudes de la mártir para
así excitar la devoción de los que escucharan sus cantos. El canto
tercero del "Peristhefanon" es justamente el que corresponde al himno a santa Eulalia
de Mérida. Es el documento histórico-poético fundamental que
se conserva escrito unos ochenta años después del martirio santa
Eulalia. Ésta es la descripción del martirio de Santa Eulalia:
Eulalia, noble por su cuna, / pero más noble por su muerte
honra a la Mérida nativa,/ la glorifica con sus huesos,
con su carirño la enaltece.
Hacia occidente está la casa/ donde alumbró tan gran tesoro.
Es un lugar rico e ilustre/ y por la sangre de la virgen
más rico aún y poderoso.
Con tres más otros nueve años/ por cuatro veces tres inviernos
había alcanzado y se burlaba/ de los verdugos y sayones juzgando dulcemente
los tormentos.
Antes había dado muestras/ de preferir el paraíso
a los encantos del connubio./ No le atraían en la infancia
los juegos propios de los niños.
Como si el gesto de chicuela/ disimulara graves canas
consideraba desdeñosa/ ambar y rosas y oropeles
y en su pudor se recataba.
Cuando se ensaña Maximiano/ en los discípulos de Cristo
y les ordena que el incienso/ y las entrañas de las bestias ofrenden,
torpes a los ídolos.
Brama la niña de coraje/ y temeraria desafía
ingotables amenazas./ En Dios su pecho, aquella inerme
mujer provoca a la perfidia.
Luego, el cuidado de sus padres/ la pone a salvo de peligros
en el secreto de los campos/ para que el ansia de la muerte no
la despeñe en el suplicio.
Mas ella juzga despreciable/ la placidez de su retiro
y cierta noche, sin ser vista/ abre la puerta sigilosa
y se echa andar por los caminos.
Entre zarzales y entre espinas/ le forman ángeles cortejo
y avanza, así, con pies de rosas./ Hay una luz que la conduce por
las tinieblas y el silencio.
Una columna luminosa/ guió a la turba que marchaba
hacia la tierra prometida,/ volvió a las sombras transparentes y
protegió a la caravana.
No de otro modo la doncella/ buscó la noche y ganó el día.
No extravió el rumbo entre las sombras/ cuando marchaba hacia los cielos
ya de esta tierra fugitiva.
La blanca estrella mañanera/ aún no asomaba cuando, insomne,
había cubierto un largo trecho/ y ya, de día, se detuvo
frente a los jueces y lictores.
Y les gritó: ¿por qué razones/ queréis perder las almas buenas
tendiendo trampas y acechanzas/ a gentes simples y sencillas
para que nieguen sus creencias?
¿Buscáis, gentuza miserable,/ a los discípulos de Cristo?
A Dios confieso con mi boca./Yo soy cristiana. Lo declaro
yo pisoteo vuestros ídolos.
Nada es Apolo, nada es Venus,/ nada tampoco es Maximiano;
unos son obra de los hombres;/ el otro adora cosa humana.
Todos son torpes, todos vanos.
¿Por qué el pretor, tan poderoso/ tambien adora el frágil barro,
se prostituye ante los ídolos/ e inclina a ellos su cabeza?
¿Por qué castigas a los cristianos?
El funcionario respetable/ el juez tan probo, el jefe egregio
pace en la sangre de los inocentes / se regodea en la tortura
y se complace en el tormento.
Obra, verdugo; quema, hiere./ Quebrar lo frágil es sencillo.
lacera miembros indefensos,/ pues que mi alma estará a salvo
de los horrores del suplicio.
Furioso, entonces, Maximiano/ dijo al lictor: démonos prisa.
Hazle saber que hay dioses patrios/ y que el imperio de los príncipes
no es tonto juego de chiquillas.
Mas sin que vuelvas a pensarlo/ yo no me atrevo a condenarte.
Piensa en un momento en las riquezas/ que te dará tu matrimonio
y basta ya de necedades.
Piensa en tu padre a quien tu muerte/ dará la muerte, cruel chicuela
en tu familia, a quien aflige/ verte cambiar el dulce tálamo
por el cuchillo y por la hoguera.
¿Ya no te importa el matrimonio?/ ¿También desprecias, insolente,
el triste llanto de los tuyos?/ ¿No ves que todo está ya listo para
la muerte que mereces?
Si es que no siegan tu cabeza/ y los garfios no desgarran
tu cuerpo, entonces a la pira/ te arrojarán, sin duda alguna,
y llorarás entre las llamas.
Para que olvides tus maldades/ poco hace falta, sin embargo;
Hasta que dejes tus caprichos/ y un solo grano de este incienso
roces apenas con tu mano.
Calló la niña. Fieramente/ escupió el rostro del impío
y las estatuas de los dioses/ arrojó al suelo, pisoteando
la harina impuesta de los turíbulos.
Y ya no hay más. El garfio muerde/ las amapolas de sus pechos,
cava y tritura, laborioso,/ y sus heridas cuenta Eulalia
como quien cuenta sus trofeos.
¡Oh, mi Señor! Tu nombre escribe/ la uña feroz que ara mi cuerpo
Leo en mi carne tu victoria/ y hasta la sangre que me cubre dice tu nombre,
Cristo eterno.
Como triscando en un columpio/ ella cantaba y se reía.
¿O es que el dolor no la rozaba?/ Mas luego lavan, una a una, en agua hirviente sus heridas.
Por fin la última tortura:/
no el lento hierro empedernido que va royendo hasta los huesos;/
las rojas llamas de las teas muerden su miembros de jacinto.
Le va lloviendo por los hombros/ la perfumada cabellera y es la coraza que defiende/
los castos miembros de la niña
y su pudor y su inocencia.
Suben las acres llamaradas,/ buscan el mar de sus cabellos,
secan la cuenca de su canto/ y ella, sedienta de infinito,
bebe la muerte con el fuego.
Una paloma inmaculada/ -raudo cristal, alada nieve
sube volando de su boca.../ es el espíritu de Eulalia
que asciende puro e inocente.
Y ya se aquietan las espadas,/ ya cede el tallo de su cuello,
ya es una rosa desprendida,/
ya juega el aire entre las nubes,/ ya la paloma llega al cielo.
Cuando el verdugo vio que el ave/ era una estrella en las alturas,
estupefacto, alzó sus cosas/ y echó a correr despavorido.
Aun el lictor se dio a la fuga.
El blanco invierno nevó entonces/ y revistiendo como un alba
el rojo estrado del suplicio,/ a los despojos de la virgen
les sirvió al cabo de mortaja.
Callen el grito y el gemido,/ cese el oficio funerario,
no más llantos ni lamentos,/ que las exequias de la virgen la cantarán
los mismos astros.
Esta colonia de la Bética,/ Mérida, guarda su sepulcro.
la deja atrás el Guadiana/ cuyo torrente recomienza
siempre a lavar los arduos muros.
Hoy, lugareños y viajeros/ aquí veneran sus cenizas.
Aquí ilumina la belleza/
con blancos mármoles suntuosos el monumento de la niña.
Brilla en el techo el arrequive/ cubren el suelo ricas piedras
tal como esmaltan los vergeles/ las bellas flores coloridas
al asomar la primavera.
Cortad los rojos alhelíes/ pues nos los niega el buen invierno
a los ansiosos canastillos/ y el tibio sol despierta el campo
para que siga floreciendo.
Niños y niñas, los fragantes/ dones llevad en dulce coro
que yo también estas guirnaldas/ llevaré a ritmo de mis dáctilos
feliz en medio de vosotros.
Porque conviene que sus huesos/ y el monumento que los guarda
reciban nuestra reverencia./ Ella, a los pies de Jesucristo,
escuchará nuestras plegarias.
Las vidas de los padres emeritenses. El libro de Las Vidas de los padres emeritenses.
También Hidacio y Gregorio de Tours hacen menciones.
Versión literaturizada de J. SENDÍN BLÁZQUEZ,
DIOS LA PUSO UNA MORTAJA BLANCA
Mérida fue en la España romana una de las ciudades más
prosperas e importantes. Con Augusto comenzo su grandeza, y cuando llego el
siglo III tenía teatros, templos, acueductos, circo, anfiteatro,
baños, puentes... y hasta pantanos, como el de Cornalvo y Proserpina.
Por ello, para bien o para mal, siguió la misma suerte que las
grandes ciudades de la romanía. En ella se dejó sentir la
virulenta persecucion de Diocleciano. Era la última, pero la m&aaacute;s
trágica convulsion del paganismo, que agonizaría muy pocos años
después con la paz constantiniana. Pero antes, en el cielo extremeño
tenían que aparecer algunas estrellas más para iluminar los sueños
de las generaciones posteriores. Era el 10 de diciembre del año 304.
Una muchacha, mejor una niña, de doce años, llegaba a Mérida escapada de la granja campestre donde la habían recluído sus padres para oponerse a un destino que parecia fatal.
La hermosura de su talle, los cabellos ondulados por el aire de la mañana,
el rostro encendido por un frío casi invernal, le dan apariencia de ángel.
Va buscando el tribunal, y cuando lo encuentra se enfrenta decidida al
pretor, desafía su autoridad e increpa su actitud para con los cristianos.
-"Calpurniano -dice-, soy cristiana. Tú eres enemigo de Dios. Persigues
a los cristianos y maltratas a sus vírgenes. Pero aquí estoy yo
para humillar tu altanería y confundir tu crueldad. Prueba y
verás que conmigo nada puedes".
Calpurniano, el pretor, queda confundido. No esperaba la inoportunidad
de la visita ni el atrevimiento desconcertante de aquellas palabras.
-"Anda, niña, vuelve a casa. Considera tu juventud. Mírate
a ti misma. Compadécete de ti. Ofrece un poquito de incienso para que
puedas vivir. Nosotros te perdonamos todo lo que hemos oído".
El rostro de la niña, al excitarse, se hermosea cada vez
más. Parece cobrar dimensiones sobrehumanas.
Un rubor tinta aquella carita de nardo, mas en sus ojos hay un
fulgor extraño y sus labios tan pequeños se pliegan
con una fuerza asombrosa.
El presidente no puede más. Se siente impotente.
La escena que se siguió fue profundamente desagradable o
divinamente hermosa, según el angulo diverso de observacion.
La niña Eulalia se convirtió en una pequeña
fierecilla, ha escupido al juez, ha tirado de un golpe el brasero
ante el ídolo. Después la han cogido y ha empezado a cantar, porque la hieren.
Calpurniano, llevado de un furor diabólico, ordena:
-"Encended unas candelas y aplicádselas a las rodillas.
Desgarrad sus vestidos y destrozad sus pechos. Haced lo que sea, pero
que una niña no se pueda reir de nosotros".
Un poco más tarde, mientras el presidente pasea nervioso a las puertas
del pretorio, puede contemplar tostada al fuego y sangrando todo el
pecho el espectáculo bochornoso de verse increpado desde el suplicio:
-"Mi cuerpo está abrasado y me encuentro fuerte. Manda que pongan
sal para que pueda ser condimentada sabrosamente en Cristo"...
Al oír estas palabras y otras similares, alternando con cantos
de júbilo victorioso, no puede menos de exclamar:
-"Creo que somos vencidos. Esta virgen continúa en su obstinación. A
fin de que no pueda ufanarse, sacadla. Buscad un bufón. Desnudadla
en público antes de que perezca, para que sea ridiculizada su virginidad inutil".
Eulalia es arrastrada por las calles.
Los emeritenses no pueden reprimir sus gritos horrorizados. ¿Qué puede
haber hecho esa niña para merecer tan cruel castigo? Y, lentamente,
se forma un cortejo de curiosos acompañantes compasivos, que se
convierte en gentío cuando llegan al lugar del suplicio.
Es ésta, precisamente, la causa para que la cólera del presidente
sea mayor y su venganza más infame. El poeta Prudencio se siente acongojado
cuando hace el recuento de sus martirios todavía en el siglo IV:
"Azotes, aceite hirviendo, plomo derretido, sal en las heridas, fuego en las
rodillas, horno encendido, corte de cabello, paseo por las calles exhibiendo
su desnudez y, finalmente, crucifixion".
Pero Dios quiere también salir a escena. Siempre ha dicho algo en favor de
los suyos. Las palabras de Dios se mezclan muchas veces con los signos de
la naturaleza.
Son los últimos momentos de la mártir. Ya no es una
niña que atrae por la hermosura de su cuerpo. Es un ascua
humeante sujeta a un madero con clavos. Lentamente se cierran los
labios que cantaban al Divino Esposo. Huele a carne quemada y a cruz de verdugos.
¡La que fuera antes blanca carne, quemada ahora, es manjar de dioses!
Mientras, la tarde se esta volviendo gris, oscura, amoratada, como de carne y fuego.
Cuando los soldados dejan sobre las brasas el cadáver de Eulalia, el
cielo se abre y cae sobre Merida una copiosa nevada.
Dios, el Dios de los cristianos, viste de blanco a su mártir. Es la
mortaja que le niegan los hombres. Allí, en el pretorio, sobre
el tapiz de la nieve pura se destaca piadoso el cuerpo de la santa,
canonizado por una señal del cielo.
Es más de mediodía. Los guardias, insensibles e insensatos, quieren
marchar a sus casas. Pero allá a lo lejos, por la Calzada de la Plata,
se oyen otra vez sus gritos. Son también gritos de mujer y de niña.
Nieva. Nieva copiosamente. El gentío se vuelve a estremecer: los
soldados traen otra joven, también bella y también hermosa.
Es Julia, la amiga de Eulalia. Increpa a los soldados lo que han
hecho con su amiga. Ahora es arrastrada violentamente por la
chusma de legionarios a sueldo. Pero estos hombres curtidos por la
guerra y las batallas, al entrar en contacto con la muchedumbre
apiñada, también tiemblan.
Tiemblan porque "sangre de niños, aurora de Dios".
Temen.
Teme, sobre todo Calpurniano, cuando profetiza solemnemente:
-"Esto se acaba".
Pasará un año no más. A Mérida llegaron las
noticias de la abdicación del viejo Diocleciano. Unos
años más y en las plazas de Mérida se comenta el edicto del
César Galerio, terminando la persecución.
El 27 de octubre del año 312 Constantino ha vencido en el puente Milvio.
El primer templo en forma de ara lo describía Prudencio con estas palabras:
"Aquí, donde el mármol pulido ilumina los grandes atrios con
resplandores exóticos, están depositadas en tierra santa
las reliquias y las cenizas sagradas de la mártir...
Virgencitas y donceles, traed estos trenzados regalos y yo en medio
de vuestro círculo, aportaré con pie dactílico, una
guirnalda entretejida, humilde, lacia, pero festiva ciertamente.
Así conviene adorar sus huesos, sobre los que se ha levantado un ara.
Ella, acurrucada a los pies de Dios, atiende nuestros votos y, propicia
por nuestros cánticos, favorece a sus pueblos".
CLAVES-COMENTARIO: Véase estudio de E. MARTOS, "Álbum de cuentos y leyendas..."
Los emperadores romanos Diocleciano y Maximiano efectuaron la última persecución
contra los cristianos entre los años 303 y 305. Gracias a un himno escrito por
Prudencio sabemos que entonces fue martirizada Eulalia durante la persecución de
los años 303. Prudencio y la tradición cuentan que, siendo Eulalia
una niña de doce años, se presentó ingenuamente a las
autoridades de Mérida para declararse como cristiana, después de haberse
escapado de noche de la casa de campo donde su familia la tenía alejada
del peligro de la persecución. Tuvo un comportamiento provocador durante
el proceso ante el tribunal y fue martirizada con hierros y fuego. Al morir
salió una paloma blanca de su boca y su cuerpo fue cubierto por una
nevada inusitada. El himno de Prudencio certifica que enseguida se la
consideró protectora de la ciudad de Mérida dándosele
culto. Por ello Hiclacio considera que fue venganza divina la muerte del
godo Heremigario después de haber tratado duramente a Mérida
e injuriado a la mártir (año 429). Su fama se extendió
fuera de Mérida. En la segunda mitad del s. Vl aparece entre los
mártires más célebres representados en los mosaicos
de la iglesia de S. Apolinar Nuevo de Rávena (Italia) y el obispo
francés Gregorio de Tours cuenta el milagro que ocurría en
su tumba en cada aniversario de su martirio, cuando tres árboles
florecían espontáneamente en pleno invierno. [Volver]
J. SENDÍN BLÁZQUEZ, Dios la puso una mortaja blanca, en Leyendas
Extremeñas, Ed. Everest.

GÉNERO: Leyendas de Santas
CÓDIGO:
PROVINCIA-COMARCA: Badajoz-Vegas del Guadiana
LOCALIDAD: Calamonte
SINOPSIS: Esta leyenda es propia de Mérida aunque por la cercanía de mi pueblo a ésta también se cuenta en mi pueblo, y es la leyenda que corre en torno al martirio de Santa Eulalia y es que cuando fue capturada e interrogada y al no renegar de sus ideas cristianas fue condenada morir en un horno de cal viva, pero que antes fuese paseada desnuda con el fin de que fuese humillada, por las calles de Mérida, montada en un burro, pero quiso Dios que a su sierva nadie la viera en tan humillante estado y tendió una espesa capa de niebla por la ciudad y nadie la pudo ver aunque poco después fuese quemada viva en el horno de cal.
CLAVES-COMENTARIO: Esta leyenda viene a explicar que por finales de Noviembre
y principios de Diciembre haya tanta niebla en esta zona del Guadiana. [Volver]
F.V.S., Leyenda tradicional de Calamonte

GÉNERO: Leyendas de Vírgenes
CÓDIGO:
PROVINCIA-COMARCA: Badajoz-Vegas del Guadiana
LOCALIDAD: Mérida
SINOPSIS: A Santa Beatriz de Silva, la mujer más bella de la Corte del s. XVII, se le apareció la Virgen cuando estaba encerrada en el famoso cofre de Tordesillas, esperando un desenlace fatal. Liberada milagrosamente, empeñó su vida en el servicio de la Virgen.
CLAVES-COMENTARIO: Etiológica del voto del Ayto. de Mérida en defensa
del dogma de la Inmaculada Concepción. [Volver]
SBl-LRE, 144-5, quien a su vez cita al diario HOY y a las Concepcionistas Franciscanas.

GÉNERO:
CÓDIGO:
PROVINCIA-COMARCA: Badajoz-Vegas del Guadiana
LOCALIDAD: Badajoz
SINOPSIS: Existe una leyenda sobre la Torre de las Siete Ventanas en donde se habla de la existencia de un tesoro. En ella se decía que la Torre era albergue de un tesoro de grandes cantidades de doblas y escudos. La existencia de este tesoro tenía inquietos a los moradores de Badajoz, quienes aguzando el ingenio, intentaban entrar en posesión del mismo, pero un fantasma con aterrador indumento, lo vigilaba con gran celo, dispuesto a liarse a dentelladas y rabotazos con todo el que intentara el rapto de tan preciada presa.
CLAVES-COMENTARIO: LOZANO, Matías. Badajoz y sus murallas. [Badajoz?]:
Ayuntamiento de Badajoz, 1983. [Volver]

GÉNERO:
CÓDIGO:
PROVINCIA-COMARCA: Badajoz-Vegas del Guadiana
LOCALIDAD: Badajoz
SINOPSIS: La Puerta de la Coraxa o de la Traición se le llamó así porque, en el año
1169 se dice le fue franqueada traidoramente la entrada al rey portugués Alfonso
Enríquez, quien no considerando el parentesco que le unía a Fernando II de León y
violando el pacto de tutoría y vasallaje entre este rey y los musulmanes badajocenses,
puso sitio a esta ciudad. Durante la batalla viéndose perdido partió veloz intentando
escapar por esta puerta, cayendo con tan mala fortuna que chocó contra su cerrojo
siendo desmontado el caballo con la pierna fracturada y quedando prisionero del
monarca leonés.
Una versión de este hecho escrita en el año 1187, dice que en el año 1168, el rey
de Portugal Don Alfonso Enríquez atravesó las fronteras árabes y olvidándose que
Badajoz era prenda apetecida por Don Fernando, rey de León, se propuso someterlo
como había hecho con Beja, Évora, Moura, Serpa, Alconchel y otras plazas.
Don Alfonso Enríquez formó su ejército y lo confió al Capitán Giraldo, quien
partió para Badajoz en 1167, deteniéndose primeramente en Abrantes y realizando desde
esta plaza la conquista de otros pueblos. La conquista de Badajoz debió ser allá por el
año 1168.
Retiróse Giraldo de Badajoz dejando un Alcaide nombrado, pero apenas el
ejército portugués llegó a Lisboa, los moros de Badajoz se rebelaron contra el Alcaide y
los cristianos, entre los que se hicieron muchas muertes y gozando de su independencia,
hasta que un año más tarde se presentó el mismo Don Alfonso Enríquez con buen acopio
de gentes para tomarlo en definitiva, y cuando se encontraba dentro de sus murallas
batiendo uno por uno los baluartes interiores que los moros defendían con tenaz empeño,
apareció por sorpresa a defenderlos el rey Don Fernando II, hecho que desconcertó en
tales términos al monarca portugués, que sólo pensó en escapar de segura prisión, y lo
hubiera conseguido si en la veloz carrera de su caballo no hubiera tropezado contra el
cerrojo de la puerta que había al norte del Castillo por donde intentara escapar.
La violencia del choque hizo rodar por el suelo al fugitivo con una pierna rota, y
caer en manos del monarca castellano a quien tan mala pasada pretendía hacer. Desde
entonces no pudo gozar de salud y murió al cabo.
CLAVES-COMENTARIO: Aunque el sucedido es cierto porque lo refieren cronistas
árabes y cristianos contemporáneos de aquella época, lo de situar la puerta es un hecho
no esclarecido. [Volver]
Por testimonio de las crónicas, consta, que cuando se internó Alfonso Enríquez,
rey de Portugal, por las calles de Badajoz, tuvo que enfrentarse con dos focos hostiles
que se entrecruzaban sus dardos. Los árabes y parte de las tropas cristianas de Fernando
II, se encontraban en la Alcazaba y el grueso de las fuerzas leonesas en el resto murado
de la población. Ambos bandos se castigaron severamente por el suicida empeño del
monarca portugués, yerno de Fernando II, que pretendía la
ocupación de la ciudad.
LOZANO, Matías. Badajoz y sus murallas. [Badajoz?]: Ayuntamiento de Badajoz, 1983.

GÉNERO:
CÓDIGO:
PROVINCIA-COMARCA: Badajoz-Vegas del Guadiana
LOCALIDAD: Badajoz
SINOPSIS: Existe una leyenda sobre estos años. Liberado Badajoz del poder de los
almohades contribuyendo renombrados caballeros de importantes familias de Portugal y
Beja, -ésta Villa era entonces un pequeño estado autónomo-, recibieron los nombres de
portugaleses y bejaranos respectivamente; se suscitaron desavenencias y discordias entre
ellos después que el rey les hubo otorgado recompensas por los favores que había
recibido de ellos.
Todos alegaban méritos innumerables por los que tenían derecho y eran
merecedores a ser recompensados mejor que otros.
Ni bejaranos ni portugaleses estaban satisfechos de la suerte y de la fortuna que
les sonreía. Es posible que alguna mano extraña atizara el fuego y la ya encedida hoguera
de odios y pasiones personales, porque las calles de Badajoz se convirtieron muchas
veces en campos de batalla en donde quedaban amontonados los cadáveres, resultado de
aquellas pueriles empresas.
El mismo rey Don Sancho visitó Badajoz en el año 1288 para poner fin a las
repetidas guerras civiles que arruinaban la ciudad, y reuniendo a los cabecillas de los
bandos, consiguió aparentemente que hicieran las paces.
Tan pronto Don Sancho hubo regresado a León, los portugaleses alentados por
Don Alfonso de Godines, portugalés y favorito del monarca, cayeron de improviso sobre
los bejaranos matando a muchos de ellos y expulsando de la ciudad a los demás,
apoderándose de todos sus bienes.
No creyendo los bejaranos que Don Sancho les hiciera justicia, se la tomaron por
su mano y después de apoderarse de las haciendas de los portugaleses mataron a gran
número de ellos.
Pero añadieron a todo esto algo peor y más peligroso: levantaron la bandera de la
sedición y del separatismo proclamando rey de Badajoz a Don Alfonso de la Cerda que
acababa de ser reconocido y proclamado en las provincias del norte. Después de esta
desobediencia, se fortificaron en el castillo de la Muela.
La razón estuvo siempre en favor de los bejaranos, pero éstos eran menos y más
débiles. El rey, en silencio, aprobó en todas las ocasiones los atropellos de que eran
víctimas por parte de los portugaleses aunque simulaba el arreglo de las cosas en aras de
la paz entre sus vasallos. Por eso, al verse abandonados del monarca, dieron el grito de la
rebelión nombrando a otro rey que les gobernara.
Muy caro pagaron los bejaranos su imprudencia temeraria, porque el rey Sancho
envió al sitio de la plaza de Badajoz y al Castillo de la Muela a todas la órdenes militares
intimando a los sitiados a una capitulación a cambio de la cual les ofrecía el respeto de
sus vidas.
El rey no cumplió lo pactado y cometió con los bejaranos la más infame y cruel
de las venganzas.
Mandó que en un campo junto a la ciudad, llamado después Campo de San
Roque, se abriesen largas zanjas y al amanecer del día 19 de Mayo de 1289, comenzaron
los verdugos a decapitar a los que noblemente confiaron en la honrada palabra de un rey.
Más de cuatro mil cabezas rodaron por el suelo entre hombres, mujeres y niños,
que fueron sepultados en el lugar llamado del Osario, conocido hoy como Ensario.
CLAVES-COMENTARIO: LOZANO, Matías. Badajoz y sus murallas. [Badajoz?]:
Ayuntamiento de Badajoz, 1983. [Volver]

GÉNERO:
CÓDIGO:
PROVINCIA-COMARCA: Badajoz-Vegas del Guadiana
LOCALIDAD: Badajoz
SINOPSIS: Dice la leyenda, que desde muy antiguo había en Badajoz una tradicional
costumbre en la que precediendo a la procesión del Santísimo Corpus Cristi, marchaba
un hombre portando una enorme caldera de hierro.
Esta antigua costumbre tiene su origen en un suceso tan raro como original.
Se cuenta, que entre los muchos festejos que en Badajoz tenían lugar por las
fiestas del Corpus, se había creado un premio para entregarlo al caballero que diese
mayor número de vueltas siguiendo un círculo convenientemente señalado portando el
pesado estandarte de la ciudad, insignia con que las huestes de Alfonso IX entraron en
Badajoz conquistando la plaza a los sectarios de Mahoma.
Allá por el año 1384, en la víspera de esta festividad del Corpus, en la Sala de
Armas del Gobernador de la ciudad de Elvas se reunieron varios jóvenes, uno de ellos
sobrino del Gobernador, llamado Juan Paez Gago, que hizo la apuesta de coger el
estandarte de Badajoz y llevarlo al interior de aquella ciudad portuguesa.
El intrépido portugués llegó a Badajoz el día que se celebraba esta antigua
tradición acompañado de varios compatriotas.
Inscrito para participar en la carrera, cuando le tocó su turno, empuñó el glorioso
estandarte dando con él la primera vuelta a todo galopar sobre su fogoso caballo.
La segunda vuelta la dió con menos brios, y a la tercera, en lugar de volver al
punto de partida emprendió una precipitada carrera en dirección a Portugal gritando: ¡O
estandarte levo! ¡O estandarte levo!.
Los españoles, ante el insólito hecho tardaron en reaccionar y cuando lo hicieron,
partieron a todo galope en persecución del portugués movido por el vehemente deseo de
vengar una acción tan ruín. El portugués que les llevaba gran delantera, se dirigió a una
de las puertas para entrar en la plaza, pero estaba levantado el puente, dirigiéndose a otra
que también estaba cerrada.
Viendo indignado el valeroso caballero portugués que muy pronto sería
alcanzado por las espadas de sus perseguidores, arrojó el glorioso estandarte por encima
de las murallas, gritando cuando caía en el foso con su caballo: ¡Morra o home, figue la
fama!
Hecho prisionero, los españoles le trajeron a Badajoz en donde después de darle
muerte fue arrojado a una caldera de aceite hirviendo.
CLAVES-COMENTARIO: LOZANO, Matías. Badajoz y sus murallas. [Badajoz?]:
Ayuntamiento de Badajoz, 1983. [Volver]

GÉNERO:
CÓDIGO:
PROVINCIA-COMARCA: Badajoz-Vegas del Guadiana
LOCALIDAD: Calamonte
SINOPSIS: A mediados del siglo XVIII, un hombre llamado Juan tenía una enfermedad.
El médico residía en Madrid y se dió prisa en preparar la burra y emprender camino hacia
Madrid. Esto era por Marzo.
Hacía el viaje de día y por la noche dormía. Pero una mañana pensó que con ese
día tan claro le daría tiempo adelantar más, pasando una caseta e intentando llegar a la
siguiente, pero calculó mal y se le echó la noche encima. Eran finales de Abril, en la
provincia de Toledo, y tuvo que pasar la noche debajo de una higuera. Hizo una gran
fogata, pues esta era tierra de lobos. Una manada de ellos se acercó, percatándose, Juan
se levantó y con una navaja en mano pasó toda la noche velando a la burra y velándose
él, por supuesto.
Bien entrado Junio, llegó a Madrid, y la sorpresa fue que el médico estaba de
vacaciones y no llegaría hasta Septiembre. Él no podía esperar, y tuvo que emprender el
camino de regreso.
Saliendo de la provincia de Madrid puso a pastar la burra y a descansar él. Comió
la burra de un pasto envenenado por una eriza en celo y al poco tiempo murió. Tuvo que
regresar a pie al pueblo, pero al fin llegó a éste el mes de las castañas, sano y salvo.
CLAVES-COMENTARIO: CALAMONTE: Canciones, leyendas y costumbres. Recopilado
por Francisco Vizcano
Santos. 1993 [Volver]

GÉNERO:
CÓDIGO:
PROVINCIA-COMARCA: Badajoz-Vegas del Guadiana
LOCALIDAD: Calamonte
SINOPSIS: En este camino todos los días de difuntos desde hace muchos años, se
aparece doña Juana en busca de la calavera de su amado don Alonso asesinado
brutalmente por su hermano don Gonzalo por amor a ésta y enterrado en este mismo
lugar.
Este camino estaba a las afueras del pueblo y es el que daba acceso al cerro de
cantarana cerca éste del cerro de la iglesia, actualmente este camino no existe, ya que en
su lugar se construyó una pista pavimentada que da acceso a la depuradora de agua.
Corría el año de 1499 cuando la acaudalada familia de los Figueroa convinieron
el matrimonio de su única hija Juana con el apuesto don Gonzalo, hijo mayor de los
Macías y capitán de los ejércitos de sus majestades los Reyes Católicos. Pero nadie sabía
que doña Juana se veía hace mucho tiempo con don Alonso, el hermano pequeño de su
futuro esposo, al enterarse don Gonzalo de este ilícito romance entró en cólera y retó a
su propio hermano a un duelo a muerte en el camino de las afueras del pueblo y fue allí
donde don Gonzalo mató a su hermano y lo enterró en el mismo lugar sin que nadie lo
supiera excepto doña Juana, la cual se suicidó para reunirse con su amado y desde
entonces su alma vaga por esos contornos buscando a su amado.
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GÉNERO:
CÓDIGO:
PROVINCIA-COMARCA: Badajoz-Vegas del Guadiana
LOCALIDAD: Calamonte
SINOPSIS: Existe una creencia, una historia que cuentan que todas las noches de verano bajaban de la sierra cercana los lobos a beber de un pozo, del cual se abastecían los vecinos del pueblo, a este pozo que empezó a llamarse el "pozo mira el lobo" y más tarde derivó en el "pozo mirabobo".
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GÉNERO:
CÓDIGO:
PROVINCIA-COMARCA: Badajoz-Vegas del Guadiana
LOCALIDAD: Calamonte
SINOPSIS: En la "sierra de la monea" descubrió un pastor una cueva donde según dicen
se refugiaron los rebeldes durante la ocupación francesa. Era tan profunda que no se veía
el fin, sólo oscuridad y frío.
Informó el pastor a las autoridades y éstas, curiosas por ver qué había en ella,
decidieron ir a verla, pero observando que sería muy arriesgado que alguna persona
entrara en ella decidieron entrar un cerdo para ver por dónde salía, pero pasaron las
horas, los días, y el cerdo no aparecía. Dándolo por muerto abandonaron la "expedición"
pero lo que no sabían es lo que pasaría después para el asombro de todos: el cerdo
apareció en Mérida, más exactamente por el Lago Proserpina, y apareció con los ojos
comidos. Nadie sabe por qué; unos dicen que por los mosquitos, otros por los
muciélagos, pero no son más que especulaciones. Todos la cuentan pero nadie sabe
dónde está exactamente esta cueva.
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GÉNERO: Supersticiones
CÓDIGO:
PROVINCIA-COMARCA: Badajoz-Vegas del Guadiana
LOCALIDAD: Calamonte
SINOPSIS: De San José se dice que si se le cuelga una "bacalá", un bacalao pequeño y
salado, le da sed y hace que llueva y si a esto se le acompaña con una procesión por los
campos dicen que es más eficaz.
También se dice que por Marzo que es su festividad y es cuando se limpia a
fondo la ermita de San José y es también cuando lo mueven de su sitio para limpiarlo y
vestirlo, se enfada y hace llover y por eso muchos años el día antes de San José y durante
la quema de los fuegos artificiales ante Él llueve y mucho.
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GÉNERO:
CÓDIGO:
PROVINCIA-COMARCA: Badajoz-Vegas del Guadiana
LOCALIDAD: Calamonte
SINOPSIS: Cuenta la leyenda que la imagen de la Santa que está en lo alto del obelisco y que mira hacia Mérida se vuelve cuando hay calamidades o cuando se avecinan, así podemos saber que la primera vez que se volvió fue sobre los años de 1501 y 1508 cuando la peste asoló gran parte de España. Otra vez fue cuando la guerra civil del 36 y ahora que se ha quitado para restaurarlo y que la empresa encargada de ello ha venido abajo, ha vuelto a tomar relevancia esta leyenda, que se remonta a la Baja Edad Media.
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